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Martha Ortiz analiza si construir una marca personal tiene sentido en un mundo dominado por los algoritmos

El debate sobre si construir una marca personal tiene sentido en el entorno profesional y político actual ha cobrado nueva relevancia. En su más reciente columna publicada en El Tiempo, Martha Ortiz plantea una reflexión sobre los límites entre la visibilidad estratégica y la pérdida de sustancia, e invita a preguntarse si la cultura del influenciador está desplazando modelos de liderazgo basados en la profundidad y el largo plazo.

Construir una marca personal tiene ventajas concretas. Permite ganar visibilidad en entornos competitivos, consolidar una reputación en un área de conocimiento específica y generar oportunidades profesionales difíciles de alcanzar desde el anonimato. En un mercado donde la credibilidad se construye también en lo digital, tener una presencia coherente y reconocible es un activo real. Las herramientas existen, son accesibles y, bien utilizadas, pueden amplificar aquello que una persona ya es.

Sin embargo, Martha Ortiz advierte sobre los riesgos de convertir la marca personal en un fin en sí mismo. La lógica del influenciador prioriza los momentos virales sobre la sostenibilidad, la imagen sobre el criterio y los seguidores sobre el legado. Anula horas de estudio y reflexión para dedicar, no poco tiempo, a la construcción de una apariencia. El problema no es la herramienta, sino que la herramienta termine reemplazando el fondo. Y cuando eso ocurre en posiciones de responsabilidad, las consecuencias son visibles.

Esta lógica se observa cada vez que una declaración improvisada en redes sociales termina condicionando una agenda pública, cuando una decisión compleja se reduce a un vídeo de pocos segundos o cuando la necesidad de reaccionar inmediatamente se impone sobre el análisis, la prudencia y el contexto. También aparece en el ámbito profesional, donde la exposición constante puede llegar a valorarse más que la experiencia, el conocimiento o los resultados. En estos escenarios, la seriedad y la dignidad asociadas a determinadas responsabilidades corren el riesgo de diluirse.

Existen, reconoce Martha Ortiz, grandes comunicadores que hacen un uso impecable de las herramientas digitales sin sacrificar profundidad ni identidad. El problema es la inundación: no todos tienen esa creatividad, esa fuerza ni ese fondo. Y la presión por estar en la onda lleva a ligerezas que empobrecen el debate público.

La pregunta que deja abierta es relevante para cualquier profesional: ¿se construye una marca para amplificar lo que se es, o se construye una identidad para sostener la marca? Una marca personal duradera no se sostiene con algoritmos, sino con criterio, coherencia y largo plazo. Cuánto hemos perdido, cita al escritor mexicano Juan Villoro, en el camino de convertirnos en «rehenes dichosos del algoritmo». Esa es, según Martha Ortiz, la pregunta que vale la pena hacerse antes de empezar.

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