Salud y Belleza

Ojo seco y pantallas: ¿Qué material de lentilla elegir?

Pasar media vida pegados a una pantalla se ha convertido en el nuevo deporte nacional, pero nuestros ojos no están precisamente dando saltos de alegría. Seguro que te ha pasado: terminas la jornada con la sensación de tener una lija bajo los párpados o una neblina extraña que no se va ni parpadeando mil veces. 

El problema es que, cuando nos concentramos en lo que pasa en el monitor, se nos olvida algo tan básico como parpadear, y si a eso le sumas el uso de lentillas, la sequedad se vuelve un enemigo difícil de batir. 

No se trata de resignarse a sufrir en silencio mientras el aire acondicionado de la oficina termina de rematar la faena. Existe una solución real que pasa por elegir bien el material, porque no todos están hechos para aguantar este ritmo digital tan salvaje que llevamos hoy.

​El drama del parpadeo olvidado

​Cuando estás leyendo este artículo o revisando un correo interminable, tu frecuencia de parpadeo cae en picado. Es algo casi instintivo; el cerebro está tan absorto que “congela” el ojo. En condiciones normales, parpadeamos unas quince veces por minuto para renovar la película lagrimal, pero frente al ordenador esa cifra baja a cinco o seis. Si llevas lentillas, esa capita de lágrima se rompe mucho más rápido. 

​Para mucha gente, la solución ha sido simplemente resignarse, pero la realidad es que el mercado ha evolucionado una barbaridad. Hoy en día, comprar lentes de contacto en España es tener acceso a tecnologías que parecen sacadas de un laboratorio de la NASA, diseñadas específicamente para que la lente no se convierta en una barrera, sino en un aliado que mantenga la humedad ahí donde hace falta.

​Hidrogel de silicona: el rey del mambo

​Si todavía usas las lentillas de hidrogel convencional de toda la vida, quizás ahí esté el origen de tus dramas. El hidrogel de silicona cambió las reglas del juego hace unos años porque permite que pase muchísimo más oxígeno al ojo. Piensa en tu córnea como en alguien que necesita respirar; si le pones una “bolsa de plástico” encima, se agobia. La silicona es mucho más porosa, lo que evita que el ojo se ponga rojo y cansado.

​Pero ojo, que no todo es perfecto. A algunas personas la silicona les resulta un poco más rígida o “seca” al tacto si no tiene los componentes adecuados. Por eso, si pasas más de ocho horas frente a un monitor, tienes que buscar las de última generación, esas que combinan lo mejor de dos mundos: la respiración de la silicona y una superficie que atraiga el agua como un imán. 

​El gradiente de agua y la hidratación constante

​Una de las tendencias más potentes ahora mismo es el famoso “gradiente de agua”. Básicamente, son lentillas que tienen un núcleo con poca agua para que sean estables, pero una superficie externa que es casi todo líquido. Esto hace que el párpado deslice con una suavidad increíble, eliminando esa fricción tan molesta que aparece a las seis de la tarde. Si trabajas en un ambiente con calefacción fuerte o aires acondicionados que resecan hasta el alma, este tipo de material es tu mejor apuesta.

​No escatimes en esto. A veces por ahorrar unos pocos euros acabamos comprando materiales antiguos que no están preparados para el estrés digital. Merece la pena invertir en salud, sobre todo cuando te pasas el día forzando la vista. Al final, lo que buscas es que la lente trabaje por ti, manteniendo la lágrima estable el mayor tiempo posible sin que tengas que estar echándote gotas cada diez minutos.

​¿Diarias o mensuales para el ojo seco?

​Si sufres de sequedad severa frente a las pantallas, las diarias son, de lejos, la mejor opción. ¿Por qué? Pues porque cada mañana estrenas una lente estéril, con sus propiedades de hidratación intactas y sin depósitos de proteínas ni suciedad acumulada. Las mensuales, por muy bien que las limpies, siempre van perdiendo un poco de esa capacidad de humectación con el paso de los días.

​Si eres de los que apura las mensuales hasta que ya no puede más, te estás haciendo un flaco favor. La suciedad que se pega a la lente actúa como una esponja que absorbe tu propia lágrima, dejándote el ojo más seco que una alpargata. Si tu presupuesto te lo permite, pásate a las diarias; notarás un alivio instantáneo, sobre todo en esas jornadas maratonianas de trabajo o estudio donde no tienes tiempo ni para respirar.

​Pequeños trucos de supervivencia

No todo es culpa de la lentilla; hay trucos diarios que salvan vidas. Prueba a aplicar la famosa regla del 20-20-20. Es tan fácil como parar cada 20 minutos para clavar la mirada en algo que esté a unos 6 metros durante apenas 20 segundos. Esto obliga a tu ojo a cambiar el enfoque y, de paso, te recuerda que tienes que parpadear. Parece una tontería, pero funciona de maravilla para relajar el músculo ocular.

​Tener un bote de lágrima artificial a mano también ayuda, pero no cualquiera. Busca las que no tengan conservantes, especialmente si las vas a usar con las lentillas puestas. Los conservantes pueden irritar el ojo si se quedan atrapados bajo la lente, complicando aún más el problema de la sequedad. Un par de gotas a media tarde pueden ser la salvación para terminar el día sin esa sensación de quemazón tan típica.

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