Sierra Nevada, tierrra de oportunidades
Salud Hernández, periodista española residente en Colombia, visitó la Sierra Nevada de Santa Marta. Allí conoció los avances del programa presidencial de Acción Social en la lucha por la sustitución de cultivos ilícitos. Compartimos con ustedes el artículo publicado en el diario El Mundo de España.
Ecoturismo vs coca
S. HERNÁNDEZ-MORA desde San Rafael (Colombia)
19 de octubre de 2009.- Cada vez que un español esnifa una raya de coca, se mete por la nariz sangre, miseria, destrucción de la naturaleza. Como los muertos y la devastación se producen al otro lado del Océano, a los drogatas ocasionales les importa un pito. No sólo no hacen nada para remediarlo, sino que lo fomentan con su vicio. Mientras disfrutan su polvo blanco y se sienten los amos del mundo, en este lado hacen intentos de todo tipo por disminuir el daño.
Una de las posadas ecoturísticas de campesinos que no quieren saber de sembrados de coca.| SH-M
Uno de ellos es incentivar actividades lícitas para que los labriegos tentados a cultivar matas de coca no den el paso o se echen para atrás si ya lo hicieron. En los límites del Parque Nacional Tayrona, Sierra Nevada de Santa Marta, departamento del Magdalena, el noroeste del país, Acción Social, agencia de la Presidencia colombiana, puso en marcha una iniciativa que parece pequeña cuando se mide en euros y en necesidades de los habitantes de los países más desarrollados. Pero que supone un gran avance en las pobres economías del campesinado sudamericano y abren puertas que conducen a existencias tranquilas y seguras. Porque la coca da buenos dividendos, mejores que cualquier otro producto agrario, pero quita el sueño y siega vidas.
Celso López es uno de los satisfechos con su nuevo rumbo. Pese a residir en una región castigada por la guerrilla y los paramilitares, atraídos por la bonanza cocalera, creyó ver en las hojas de coca un próspero futuro. Era consciente de la violencia que había generado en su región cafetera las plantas de las que se extrae la cocaína, pero las crisis del café y la codicia empujó a más de uno a mezclar ambos cultivos y él no quería quedarse al margen. Utilizó dos hectáreas de su finca para sembrarlas.
Tiempo después, cuando las autoridades emprendieron una fuerte campaña tanto para destruir los cultivos ilícitos como para convencerles de que pasaran de cocaleros a defensores del medioambiente y de la paz, López y otras 118 familias no lo dudaron. Se alistaron al programa de Familias Guardabosques. Ellos mismos arrancaron las plantas malditas y, a cambio, Acción Social les pagaba el salario mínimo. Todos decidieron apretarse el cinturón y destinar la mitad del sueldo a un fondo común de ahorro. Juntaron lo necesario para comprar 354 hectáreas en la zona de amortiguación del Parque Nacional Tayrona, una de las maravillas del Caribe, y emprendieron juntos un sendero distinto.
"Cada familia se quedó con tres hectáreas; una la dedicamos a conservación de la Naturaleza y en las otras trabajamos para sostenernos", explica. Unos siembran cacao, vegetales, frutales, practican la piscicultura, porcicultura y Celso López y otros vecinos se lanzaron al sector ecoturístico.
Con apoyo gubernamental, construyeron cinco cabañas, dentro de un plan que incluirá un total de veinte, rodeadas de una vegetación exuberante. "Mi esposa cocina y yo acompaño a los turistas a las caminatas, al mar, a conocer cómo se cultiva el café, las plantas medicinales porque mi mamá es curandera. Muchos productos los compramos a los campesinos del grupo. Es muy lindo".
Una de las posadas ecoturísticas de campesinos que no quieren saber de sembrados de coca.| SH-M
Los precios de la Asociación Posadas Ecoturísticas, son muy asequibles y el trato es de una amabilidad desbordante, se desviven por hacerte la vida agradable y porque conozcas a fondo su tierra. De paso, contribuyen a salvaguardar el Parque Tayrona y toda una zona que es de una belleza extraordinaria.
"Soy muy feliz", me dice, pese a que los ingresos no le alcanzan, por ejemplo, para pagar la Universidad a su hijo mayor, ni para darse ningún lujo, sólo para cubrir las necesidades básicas cotidianas. "Vivimos tranquilos, sin zozobra, muy rico". Y rodeados de un paraíso.