
El diario El País de Madrid relata la historia que vivió un auxiliar de vuelo de la compañía Iberword, junto a toda la tripulación, en uno de los aviones fletados por el Ministerio español de Fomento para llevar a Colombia a los compatriotas afectados por el cierre de la compañía Air Comet. Un cuento mágico de Navidad que les recomendamos leer.
Yo, ARTURO PRINS
Un cuento de Navidad con los afectados de Air Comet
Un auxiliar de vuelo relata el mágico viaje que vivió la tripulación de uno de los aviones fletados por Fomento para llevar a Colombia a los afectados por el cierre de la compañía
ARTURO PRINS - Madrid - 31/12/2009
Hay una clase de magia, la que se anuncia, y otra que ataca por sorpresa. Os voy a contar una sabrosa anécdota entre colombianos y gente que se quedó sin Navidad que ocurrió recientemente. Un grupo de auxiliares de vuelo trabajamos en uno de los viajes contratados por el Ministerio de Fomento para rescatar a 239 pasajeros de los miles que se quedaron sin billete por el cierre de Air Comet.
A mí me gustaría llamarnos como des-navidados, es decir, fuimos trabajadores dispuestos a prescindir de familias, comilonas, regalos, encuentros y todo eso que estas fiestas convocan para trabajar en el vuelo de Iberworld que haría felices a tantas personas. Un grupo que tenía más ganas de pasar las Navidades en el aire, o como mi madre dijo, envueltos en aire, que en papel de regalos, en casas luminosas, o en celebración de misa y olla.
Como la empresa del señor Díaz Ferrán dejó tirados a muchísimos viajeros, nos temíamos lo peor. Esperábamos un pasaje bien cargado, tenso, molesto, agrio, engañado. En síntesis: estafados. Muchos de ellos marchaban a Colombia sin pasaje de regreso, y la mayoría no tenían dinero para comprar otro billete de regreso, ya que habían gastado sus ahorros en el anterior ticket. Fomento se hizo cargo de la ida, pero no de la vuelta. A pesar de ello, los colombianos querían volver a su país para estas fiestas para estar en sus casas y con sus familias.
Pero estaba yo hablando de des-navidados y colombianos, sobre todo de estos últimos, y no me quiero apartar mucho de ellos. El vuelo fue directo, y el pasaje de seda. Nadie subió al avión con mala uva. Un grupo de viajeros llevaba una botella de whisky escondida pero no estaban los ánimos para retirársela. Festejaban su vuelta, ¡al fin!
Un detalle muy especial
En medio del servicio de cena, uno de los viajeros, un tipo raro, comienza a pasearse con una bandeja de la cena y a pedir dinero. Incomodaba el servicio y hacía barullo con tal de conseguir dinero, medio borracho, medio gritón. Pensábamos que recaudaba para su viaje de vuelta, o para quién sabe qué milonga...Al finalizar la cena, me acerco a la zona donde estaban mis compañeros y me encuentro a dos auxiliares contando un fajo de billetes que nuestro protagonista colombiano había dejado en la cocina. 270 euros. ¿Para quién? Para la tripulación. Es decir, una propina que superaba el número de pasajeros. De hecho, en la bandeja había billetes de 10 y 5 euros, y monedas suecas, y de otros países. Un tesoro de los de verdad.
Ellos pensaron que nuestra actividad laboral en aquel día era una privación, una ausencia voluntaria a la Navidad, que merecía su reconocimiento, a pesar del enfado monumental de llevar días en el aeropuerto de Barajas entre desinformación e incertidumbre de sus regresos. Para ellos, en resumidas cuentas, éramos sus salvadores, los que los llevaban a sus casas justo el día 24 de diciembre para pasar con sus seres queridos esa fecha tan señalada.
Ante este gesto espontáneo, esta borrachera colombiana de entusiasmo tan elegante, decidimos excepcionalmente aceptar este tesoro, con gente que ya había pagado un billete de vuelta pero que no tenía quien los trajera. Y, sin embargo, decidieron darnos una propina.
Agradecimiento de la tripulación
En el descenso, decidimos dar una voz de agradecimiento: "Señores pasajeros, en nombre de la companía Iberworld y de toda la tripulación, queremos transmitirles nuestro más sentido agradecimiento a todos ustedes, por el excepcional y espléndido detalle/regalo de esta propina masiva de 270 con la que nos habéis obsequiado y halagado. La tripulación, además de agradecida, está encantada por la sensibilidad y educación recibidas por este pasaje colombiano que nos enseña un refinamiento extraordinario. Muchas gracias y feliz retorno a sus hogares. ¡Feliz Navidad!"
Pero aún hay más. Antes de tocar tierra, se acerca otro colombiano a entregarnos otra remesa de dinero, unos 45 euros. Es decir, para ellos no había sido suficiente, quedaba algo más en sus bolsillos para regalar. No daba crédito a lo que sucedía. Y puestos a seguir por aquí, voy a concluir, no sin antes mencionaros el final de este episodio asombroso.
Cuando salíamos por la aduana del aeropuerto de Bogotá en dirección al autobús que nos lleva al hotel, pasando por la terminal de recogidas de equipajes, casi doscientos pasajeros que esperaban recoger sus maletas, al ver la cabeza de fila de nuestra tripulación saliendo de allí, comenzaron a aplaudir y aclamarnos como si fuéramos estrellas de rock o actores.Un espectáculo que nos dejó fuera de juego. Levantamos las manos para corresponderles. ¡Qué extraordinarias eran todas estas cosas! ¡Qué insólito el espíritu de los colombianos!
Comencé esta anécdota sobre ataques de magia. Aquellos que de alguna forma, consciente o inconsciente, quisimos trabajar ese día y quedarnos sin Navidad, no nos quedamos sin ella. Apareció mágicamente. Como dijo el comandante: "yo me voy a vivir a Colombia". Respondí, "¡yo voy detrás!".
Foto: EFE