
El esfuerzo del ciclista boyacense fue exaltado por el presidente Juan Manuel Santos quien le auguró muchos más triunfos a bordo del caballito de acero.
Por Luis Arturo Paez
Por donde pasa despierta tantos aplausos y tan sonoros, que contrastan con el silencio de su viaje a Francia. Camina despacio, habla despacio y su figura es menuda, 1,67 metros de estatura y 54 kilos de peso. Otro contraste de su vida. En el Tour de l´avenir fue el más rápido y el más grande.
Nairo Quintana Rojas tiene 20 años, los especialistas lo tienen en sus registros porque le entregó a Boyacá la medalla de oro en la contrarreloj individual de los nacionales de ciclismo. El resto del país lo descubrió el sábado 11 de septiembre de 2010, cuando ganó la etapa y se puso la camiseta de líder de la carrera amateur más importante del mundo. La actuación del día después lo consagró. En una contrarreloj en montaña le devolvió al país el título que había perdido hace 25 años.
El esfuerzo del pedalista boyacense fue reconocido por el Canal RCN que lo escogió como Mejor Deportista de 2010, en una ceremonia en la que el canal cada año premia a los personajes más destacados del país. Quintana también estuvo nominado a Deportista del Año del diario El Espectador.
El propio presidente Juan Manuel Santos, quien fue elegido personaje del año, dedicó algunas líneas de su discurso a elogiar el trabajo de Nairo. “También nos dio un gran éxito, un ejemplo para la juventud colombiana, de un deportista que solo se supera y llega a la cima y va a seguir subiendo más”.
“Estoy seguro, porque Nairo tiene ese temple boyacense que lo va a disparar, no solamente en el Tour de L'avenir, como ya lo he dicho, sino en otras carreras hacia el futuro”, agregó el Presidente de la República.
De las montañas de Cómbita a Francia
Su rostro marcado por el acné juvenil, reafirma la apariencia de un campeón que confía en sus capacidades y que se esfuerza poco por demostrarle a los demás quién es. Total su vida siempre ha sido así. Un campesino, hijo de padres campesinos hoy cuenta tranquilo que sus primeros pedalazos los dio en una bicicleta grande y pesada que “heredó” de sus cinco hermanos mayores. Se la dieron para que se trasladara todos los días de la vereda al colegio Alejandro Humbolt de Arcabuco, Boyacá donde estudió el bachillerato.
- Hoy doy gracias al profesor Raúl Malagón, desde que me vio me exigió y se preocupó para que yo cada vez fuera más rápido y más fuerte.
Entonces, desde muy temprano entendió que debía convertir lo que hacía como una obligación en su pasión.
- ¿y por qué su rendimiento tan alto en la contrarreloj y al mismo tiempo subiendo?
- Yo realmente nací en Combita, pero Arcabuco me quedaba más cerca, entonces mi profesor me ponía retos diarios para que disminuyera los tiempos desde mi casa al casco urbano.
Esa práctica fue tomando forma cuando con un capital cuya base no superaba el valor del apoyo incondicional de sus padres, trasladó el entrenamiento al terreno asfaltado. Comenzó a compartir con los vehículos, la carretera central del norte por la vía que conduce a Moniquirá. Cuando querían entrenar por destapado sólo tenían que tomar la ruta hacia Chiquinquirá. Total, en ambas la naturaleza ofrece terrenos empinados y retos difíciles.
- ¿Algo especial en la alimentación?
- No. Mi madre me recibía con la alimentación normal: papa y ahuyama, lo que cultivan. Ah!, yo creo que lo especial era que mi madre se preocupaba por tenerme alguna fruta y yogurt.
Alimentación que cualquier nutricionista descalificaría como la adecuada para un deportista, sólo que Maria Eloisa le agregaba a la receta un ingrediente poderoso e invencible: el amor de madre. Nairo hizo su parte, como buen hijo agradecido aprovechó cada bocado y convirtió las necesidades y aspiraciones en la fórmula perfecta de donde nacen la mayoría de campeones en Colombia.
Hoy Nairo regresa a su pueblo y además de confiar en la promesa del presidente Santos de que algún día construirán un centro de alto rendimiento para sus paisanos, la siguiente meta en su vida es comprar un terreno para que Maria Eloisa y Luis Guillermo, sus padres, vivan en casa propia orgullosos de ese hijo menudo quien como digno representante de la raza boyacense, le gusta hacer las cosas callado y sorprender a todo un país que lo aplaude como un campeón y admira por su historia.
Fin/jeh