La Razón
Las murallas protegieron por siglos la honra de la más bella ciudad del Caribe, Cartagena de Indias, pese a los embates de piratas y armadas nunca vistas. Sus callejas supuran pasado entre perfumes de frutas, ron y flores.
Restañadas las viejas heridas del pasado, Colombia ofrece al viajero un solo riesgo: que nunca más quiera abandonar una tierra llena de matices, de parajes de ensueño y de gentes apacibles. Desde sus dinámicas urbes hasta la ardiente y muy colonial Cartagena de Indias, Patrimonio de la Humanidad desde 1984, pasando por interminables cafetales, selvas, sabanas y montañas inexpugnables, Colombia recupera un esplendor que se traduce en un espectacular aumento de visitantes (135%) en el último lustro. Las opciones son infinitas, pero hoy proponemos una ruta que conjuga la esencia de este país mágico: partiendo de Bogotá recorreremos las haciendas cafeteras camino de Cartagena de Indias, destino final.
La capital, fundada en 1538 por Gonzalo Jiménez de Quesada, es una metrópoli en continua evolución desde que los conquistadores la fundaran camino de El Dorado. A sus 2.630 metros, su fresca bruma flota en una primavera incipiente que no conoce de estaciones. Si acaso la temporada de lluvias, llamada aquí invierno, que se da de abril a junio y de septiembre a noviembre.
Aproveche la mañana para pasear por La Candelaria, el centro histórico. Sobre el clásico plano colonial en forma de damero se desperdigan Casonas coloridas de dos pisos con coquetos patios ajardinados y balcones volados. Piérdase por sus callejas hasta desembocar en la imponente Plaza Bolívar, a unas cuadras de la Casa Nariño (Palacio Presidencial) y del Museo Botero. Si dispone de tiempo, visite el Museo del Oro y suba en teleférico a la iglesia de Monserrate, desde donde se divisa la ciudad.
Las regiones de Caldas, Quindío y Risaralda disponen de la tierra fértil que da origen al café más reconocido del mundo. Tras media hora de vuelo, aterrizamos en Armenia camino de la hacienda La Navarra, una ubicación estratégica que permite recorrer fácilmente los cafetales. Muy cerca queda la finca El Agrado, donde podrá participar de la liturgia que envuelve este fruto del que Colombia es el tercer exportador mundial y participar en una cata donde aprenderá a saborear un tinto, como llaman los colombianos al café puro.
Tras un furtivo regreso a la capital para tomar el vuelo hacia Cartagena, desembarcamos en la ciudad más bella de las Américas. Una bocanada ardiente de calima nos abraza a la llegada para no dejarnos nunca. El embriagador aroma del Caribe se confunde con el de las flores de los puestos ambulantes y el de la fruta fresca que sonrientes palanqueras negras portan sobre sus cabezas. Mestiza, colorida y romántica, es el mayor tesoro caribeño: libre de huracanes, su bahía está bordeada de islas coralinas y su Ciudad Vieja amurallada es la mayor joya arquitectónica levantada jamás por los conquistadores. Merece la pena alojarse entre sus vetustos muros bien en el Cartagena Santa Clara, un antiguo convento de 1621, o en el exclusivo Cuadrifolio.
Fundada en 1533 por Pedro de Heredia sobre islas y ciénagas, su silueta se dibuja salpicada de fuertes y cañones dispuestos para defender su honra de los ataques piratas. Con la brisa del alba, la ascensión al cerro de Popa nos regala una vista de toda la ciudad desde el convento del XVI que corona su cima. En el descenso, el Castillo de San Felipe nos descubre la ingeniería militar colonial camino del casco histórico donde se desparraman callejas, soportales y balconadas en un festín cromático embriagador. Destacan la catedral, destruida por Drake, el convento de San Pedro Claver o la iglesia de Santo Domingo, en cuya plaza se amontonan las terrazas.
Para sacudirse el sopor nada mejor que un paseo por la playa de Bocagrande, donde se levantan torres de apartamentos y hoteles. De vuelta al centro, cruce la muralla por la neoclásica torre del Reloj y acabe la noche saboreando la brisa y un buen trago en el Café del Mar, sobre el baluarte de Santo Domingo. Ríndase a los encantos del pasado.
Dónde alojarse. En Bogotá, el hotel Royal Pavillion está junto a la zona G, el distrito de ocio y lujo. En el eje cafetero, la coqueta hacienda La Navarra, a 15 km. de Armenia. En Cartagena de Indias puede optar por las vistas al mar de los hoteles de cadena o el sabor de los antiguos conventos y Casonas del centro histórico como el Sofitel Sta. Clara o el Quadrifolio.
Para perderse. La Plaza de los Coches y sus soportales, en Cartagena, donde se venden dulces, helados y guayaberas.
Recomendaciones. Negocie un paseo nocturno en carruaje por todo el Casco Viejo y una visita al paraíso tropical de las vecinas islas del Rosario.