BRIGITTE LG BAPTISTE*
El mundo se prepara para reunirse en Nairobi, luego en Corea del Sur y finalmente en Japón, para refrendar, en una serie de eventos, los acuerdos internacionales que desde la Cumbre de Río de Janeiro, en 1992, dieron vida a la Convención sobreDiversidad Biológica (CBD). El 2010 es el Año Internacional declarado por Naciones Unidas para promover una seria reflexión sobre el fracaso de las medidas previas para detener el deterioro de la biodiversidad.
Los países del mundo reconocen que hoy día, más que nunca, estamos destruyendo las bases fundamentales de la vida en el planeta y que con ello estamos amenazando nuestra propia supervivencia. Y no son las imágenes de animales en extinción las que ahora nos cuestionan: es la paulatina degradación de los servicios ecosistémicos, derivada de las malas prácticas agropecuarias, mineras, de desarrollo de infraestructura o de urbanización, las que afectan el bienestar de toda la población.
La crisis mundial y nacional de las pesquerías, los impactos crecientes de los desastres naturales, las epidemias de enfermedades en expansión, la saturación de contaminantes en agua, suelo y aire, son sólo algunas señales de que los complejosmecanismos de regulación que utilizan los ecosistemas para garantizar la permanencia de la vida en la Tierra están gravemente deteriorados. Y que el cambio climático, derivado de la suma de actividades humanas en la era industrial, exacerba, al punto de hacer temer a muchas organizaciones científicas, un colapso ecológico planetario durante la primera mitad del siglo XXI.
Para Colombia, el debate sobre cambio climático corre paralelo con el del biodiversidad: no se entiende el calentamiento global sin una visión ecosistémica que pone en evidencia el papel de los océanos, los bosques, las sabanas y los humedales del país, con toda la variabilidad genética y la complejidad de especies o seres vivos que los componen, en la regulación de los gases de efecto invernadero.
Pareciera que para muchos observadores la conexión es irrelevante: se trataría simplemente de cambiar tecnologías, sin afectar los patrones de consumo, y luego pagar la cuenta.
Para nosotros, sin embargo, el riesgo es grande: sacrificar el bienestar de las personas que dependen o utilizan la diversidad biológica y los servicios ecosistémicos que de ella se derivan, es irreversible y no tiene precio. Tenemos pues grandes expectativas en la conformación del Panel Intergubernamental de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES en inglés), como iniciativa equiparable al de cambio climático (IPCC), de la cual esperamos avances fundamentales en al menos tres temas: las estrategias de monitoreo y seguimiento a la biodiversidad global, la aplicación del enfoque ecosistémico a la preservación y uso sostenible de los recursos biológicos dentro del marco de una gestión adaptativa, y la valoración de los umbrales operativos para la prestación de servicios ecosistémicos en diferentes escalas.
Temas que en el país deberán reforzarse en los ajustes de su política pública en biodiversidad, que necesita garantizar cambios realmente efectivos en su gestión. * Bióloga, MSc, Subdirectora Científica del Instituto de Investigaciones de Biodiversidad Alexander von Humboldt.
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